Solo otra ilusión

Dime que estas allí
No me dejes sola
Pálpame el rostro
Palpa mi corazón
Aunque ya tocaste más en mí de lo que deberías
Y sin tan siquiera rozarte contra mí.

Entonces empezare a jugar a conocerte
Y mientras las horas pasan a ser mil años
Me haces caer de rodillas
Me haces matar mi orgullo cuando te veo respirar
El regalo de tenerte en este mundo me ha llegado a bastar
Mi rebeldía existe aun
Si no, no te buscaría con desesperación
Sabiendo que no estas allí
Al menos no para mi.

Que el cielo te caiga encima ángel descarrilado
Que las flores te corten como cuchillos
Y espero ser yo quien te dé el primer ramo
Dirás que me contradigo
Pues que así sea
Que mi corazón sea una paradoja hacia ti
Para prevenirme de la maldita ilusión
Que el espectro de tu presencia me infunde.

Me he roto como las olas contra las rocas
Me he roto como una copa tirada al suelo con furia
Y aun así insisto en seguir persiguiendo ese deseo
Que me mires y que me vea reflejada en ti.

Espero con mi alma ensimismada
Que deje esta de ser la fantasía que mi cabeza quiere creer
Que deje de soñar con ángeles
Que deje de soñar con tiernos espectros que me atan a la ilusión
A la ilusión vacía de ti.

Sara Echeverría, 2014.

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Pequeña ingenuidad

La ingenuidad un día se sentó,
Y entonces se puso a llorar.
Pero en lugar de gotas saladas, eran pétalos su llanto,
Ella solía llorar cuando la engañaban
Pero siempre se despojaba de las quejas,
Y todo se volvía vago.
Tenía memoria defectuosa.

Debajo de su pálido cabello que reflejaba la luz el sol,
Su cabeza estaba llena de mariposas.

Su corazón solo conocía el bien,
Y al mal por ignorancia le temía.
Cuando dormía las serpientes intentaban ahorcarla.
Porque los sueños se vuelven frágiles copas de cristal
Que el engaño rompe sin piedad

Ella siempre se sentaba a esperar,
A las cosas que por su cabeza como nubes pasaban.
Que eran recuerdos olvidados,
Y en el suelo de su alma quedaban,
Y como fascinantes estrellas fugases pasaban.

La tierna ingenuidad, que vive con su hermana la inocencia.
Ella juega por los prados del eterno esperar,
De un porvenir que no llega
Y donde un sí que los labios pronunciando,
Se habrían querido fruncir para dar un no.
Y es entonces que la ingenuidad siempre vuelve y se sienta a llorar.

Sara Echeverría, 2014.

Del cristal al agua

Urdidas sombras que gritan por el silencio
del último enfermo que vilipendiado
unge en el cristal
su boscoso camino.

Donde el baúl arrastra
al prófugo del viento, prisionero del mar.
De donde nace el ruido y nadie reclama,
en cambio,
a su muerte blasfema
de carmesí umbral.

Busca el cauce que te arrulla, amigo mío
que quizá ignoran las manchas que te corroen.
Dicen que el carmesí enceguece.
Mas tú regresa a tu pintura en blanco
y con otro viajero navégala desde acá.
Créala, imagínala, idéala,  suéñala.
Que es pasajera
y lo sabes,
y lo saben.

Una vez ahí
Hurta al lugar que desorienta lo mundano.
Donde hasta el cuerpo harapiento es puro.
Porque  enamorado
sonríe al dolor.
Porque no ha conocido
el vacío.

Pero ten cuidado
con la negrura disimulada del abismo.
No nubles la vista hacia allá
donde escándalo sabe a melodía.
Que te arrastraran de nuevo,
y te atan
y te asfixian;
temiendo del  hambre voraz
de su pálido ser que anuncia
y denuncia
sangre derramada al cáliz
del escape que nos ha conseguido la mentira.

Vuelves a tu asiento terciopelo
mientras miras que se desvanece
el centro del mar.

Georgina Escobar, 2014.

Estaciones

Cuando era primavera te la pasabas casi dormido
Atrapado en el mundo del ensueño y jugando en los prados de la juventud.
Veías los atardeceres del tiempo y jugabas al azar, con estar vivo un día más.
Los días de Sol eran tu consuelo, y los de lluvia tu bendición.
Pues eras como una flor que recibía el néctar de vida con agradecimiento.

Eras capaz de decirle a ella “te quiero” y de hacer que su pálida piel se sonrojara.
Eras sincero, inocente y fantástico, nada te detenía, ni tan siquiera la realidad lo lograba.
Tu nombre era como una canción, y tu sonrisa una estrella que brillaba momentáneamente.
En el verano, con el calor arrasador del día  y la brisa cálida en la noche.

Corrías con rapidez tremenda, con el miedo de caer de bruces.
Eras un tornado, un alguien que no es nadie.
Un boom galáctico en el medio de tu propio espacio.
Eran dos, tu y ella, destinados a la felicidad tan codiciada.
Una criatura llena de sentimientos frágiles como tazas de porcelana.

De repente era un peligro estar vivo, pero igual era un riesgo a superar

Dar paso a paso, con seguridad, dando vueltas.
En otoño ya te quedaste sin tiempo.
Las hojas caen con pálida y detenida paciencia,
Esperas una estrella por un deseo.
Esperas porque irónicamente la impaciencia se te acabo.

Es entonces cuando de a dos la cosa es mejor, porque la soledad ya no es una opción

Es más bien un pecado.
El viento es un peligro,
Se llevara lo que mas amas y nada dejara
Y es mejor guardar lo amado a abandonarlo a la merced del olvido.
Entonces en lamento te digo,
Llego el invierno, mi amigo
Levanta tu copa por mí,
Levanta tu copa por ti,
Levanta tu copa por esa dulce primavera recordada.
Porque ya solo puedes afirmar que la vida fue corta
Un sueño del cual no recuerdas el principio y el final ni sentirás
Ya no eres un chico, nadie desea que llores, ni la que amas lo quiere, así que,
“Despierta” te gritaran desde la ventana, entonces será hora de despertar, empacar e irse.

Sara Echeverría, 2012.

La luna rota

Entre dos rompimos la Luna
Prometimos cosas que no pudimos ni quisimos cumplir
Todo jurado ante ella como testigo
De nosotros y de mil amantes más
Unos para siempre y otros efímeros como nosotros

Fuimos como hojas llevadas por el viento hacia direcciones opuestas
O como un par de lobos terminamos comiendo la piel del otro
Arrancado nuestras gargantas en fervor de destruirnos
Egoísta, hipócrita, amado
Marchito esta mi amor por ti
Muerto esta mi anhelo e idolatría infantil
Muerta esta mí entrega pero vivo mi valor

Pero recuerdo las cosas que ame de ti
Tu risa, tu voz, todo lo que emanaba de ti era precioso para mi
Pero ahora me doy cuenta que un ángel no eras
Ni demonio de mi tormento tampoco
Eras el ser humano que por un momento fue el único en el mundo para mí

Pero al final, no solo rompimos la Luna
Por un momento rompimos la barrera que nos separaba también
Pero todo final marca un principio
Hallare a la Luna rota para arreglarla
Te hallare a ti para despedirme
Me hallare a mí para disculparme
Y hallare a alguien más para equivocarme otra vez
Para prometer cosas efímeras con anhelos eternos a ese astro tristón

 

Sara Echeverría, 2013.