Sobre «El Sur» uno de los mejores cuentos de Borges

“A la realidad le gustan las simetrías y los leves anacronismos”

— Jorge Luis Borges

Jorge Luis Borges nació en Buenos Aires, Argentina el 24 de agosto de 1899. Fue un escritor, poeta e intelectual latinoamericano, reconocido internacionalmente por su innovación en el ámbito literario, pues fue uno de los precursores del relato laberinto y el creador de las ficciones.

Sobre un libro de este mismo nombre quiero escribir hoy.

Ficciones es quizás el libro más famosos de Jorge Luis Borges, que es una compilación de dos partes. La primera: El jardín de los senderos que se bifurcan publicada en 1941 y Artificios de 1944.

El sur, es el último cuento de la segunda parte de ficciones. 

Este cuento, además de ser uno de los preferidos por el autor tiene un lazo especial con el mismo, debido al fuerte contenido autobiográfico que posee, y a la referencia que hace de su tierra, Argentina.

El argumento es sobre un bibliotecario —Juan Dahlmann— que un día decide presta el libro «Las Mil y Una Noches», para ir a leer a su casa, pero era tal su apresuro por leerlo, que prefirió subir las escaleras a gran velocidad y no logró visualizar un pilar de donde recibió un terrible golpe en la cabeza, esto le obligó a postrarse varios días en la cama, y al ver su terrible estado por la fiebre los médicos prefirieron llevaron al hospital. A su desgracia, el tratamiento le hizo sufriera un dolor insoportable. Y por si fuera poco casi muere a causa de un envenenamiento en la sangre mientras estaba en el sanatorio.

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Sobre “De las Tres Transformaciones”, capítulo de la obra “Así Habló Zaratustra”. Una pequeña reflexión.

La transformación del espíritu inquieto comienza cuando uno que se considera a sí mismo fuerte por cargar con el peso de todo aquello que se le impone, se da cuenta que en realidad este peso lo está desgastando y lo ha reducido a algo dócil y débil, perdiendo totalmente su propia identidad. Con esto último el espíritu deduce que para ser verdaderamente fuerte, necesita deshacerse de dicha carga, consiguiendo así su libertad. Aquella libertad que quizás sea más pesada que la carga inicial, pues es con esta donde nuestro ser incesante se da cuenta que está perdido, y no sabe cómo reconstruirse a sí mismo. Esta es la carga más pesada. Y es por ello que se necesita de una última transformación, quizás la más difícil de todas: el obtener la inocencia y genuinidad plena para poder actuar de acuerdo con lo que necesitamos para renovarnos plenamente. En qué consiste este proceso, aun no lo comprendo, habrá que escuchar un poco más sobre las palabras de Zaratustra.

Georgina Escobar, 2014.

Diferencias entre un insecto y un moderno

Desde su publicación en 1915, “La Metamorfosis” es considerada una de las mejores y más influyentes novelas del universo kafkiano. Y es que, algo tan particular como la transformación de un humano a un insecto da muchas alternativas para reflexionar.

Me atrevería decir que es imposible conocer el sentido “verdadero” de una novela de Kafka —o de cualquiera—, principalmente porque Franz jugaba con ese sentido del absurdo mezclado con situaciones que resultan en ficciones. Estas cosas tan inexplicables como la transformación de un hombre en un insecto, nunca podrán ser entendidas por los lectores ni por los personajes de la obra, porque su sentido no es ser entendido, solamente creído.

Este, indudablemente, es el mayor mérito que tiene el escritor checo. Pues, plagar cosas tan reales y visible en penumbra oscura e incierta que permitan dejar contextos tan amplios y tan complejos donde se pueden abarcar los exuberantes problemas sociales de su realidad, demuestran que él tenía una capacidad literaria nunca antes vistas.

Es por ese sentido profundo que tienen las metáforas y figuras de kafkianas por lo que debemos de empezar relatando un poco de la vida de Franz Kafka y así entender que influyó para que las ocupase.

El joven checo nació en Praga el 3 de julio de 1883, en el núcleo familia judía pero de educación Alemana. Gracias al innumerable material bibliográfico que dejó luego de su muerte, sabemos que Franz fue una personas solitaria, que prefería estar ajeno no sólo a las personas y compañeros, si no que también a la vida.

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La rosa de nuestro jardín

A diferencia de muchos, yo no conocí a la boa come elefantes fuera del vientre materno, tal como me lo hizo saber mi madre una vez me vio leyendo. Y quién sabe, quizás si de pequeña, tras leer más de veinte veces el silabario hubiera leído El Principito, tal vez ahora un libro de noventa páginas con dibujitos lo acabaría en menos de 6 horas. No lo sé. El caso es que una vez leído he aquí el fruto de mi tarde de sábado.

Uno de mis colegas me dijo algo como: “pero si El Principito te lo leés en una sentada”, esta afirmación no es del todo cierta para mí. No cuando pienso que no es tan simple como “un libro infantil” pues, a cada vuelta de página Antoine de Saint-Exupéry nos prepara un viaje que no solo consiste en acompañar al principito en su visita por distintos planetas (el del borracho, el empresario, el rey, el farolero….), también es un recorrido profundo hacia la vida humana misma, donde el punto fundamental de la obra es mostrar que el sentido y la belleza de la vida no radica en las situaciones y elementos a los que nosotros (nótese que por nosotros no me refiero únicamente a los adultos) damos énfasis en nuestra gris rutina, sino más bien consiste en encontrar a alguien que sea especial y al que le seamos especiales, volviéndonos únicos ante sus ojos*. Convirtiéndonos en una pieza fundamental en su vida, ocupándonos, como el farolero, en una cosa ajena a nosotros mismos. Esto es la felicidad para el principito.

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¿La dictadura del cientificismo?

El siglo XIX estaba finalizando y la ciencia se había pretendido como la favorita para solventar los diferentes problemas que habían prevalecido en la sociedad: la máquina de vapor, la electricidad, la pujante economía, la medicina, el optimismo cósmico, la física. En fin, la ciencia le había tendido una mano a la historia y los hombres la habíamos sujetado. Gracias a esta el mundo se fue explicado con minuciosidad, confiamos en su exactitud y llegamos a pensar que sería la única forma de lograr el progreso del mundo.

A través de esta confianza es que se estructuró el dogma del cientificismo, defensora de la ciencia y de la idea que los saberes exactos o con explicación matemática son los únicos merecedores del título de conocimiento y, por ello, camino exclusivo para resolver todos los problemas sociales. Ahora bien, conocemos que nuestra realidad ha sido muy distinta a la expectativa, y aunque se han generado notables cambios, igualmente han habido muchas consecuencias en la modernidad. Ya en su época, Kafka expresó la sensación de desamparo hacía los hombres, pues comprendió que el camino en que transcurre la sociedad no es el correcto, pues se ha impuesto la tiranía del racionalismo. Donde se ha hablado desde la razón, se ha juzgado y condenado en nombre de la razón y se ha muerto por la razón. Es por ello que dos guerras mundiales, dictaduras totalitarias, campos de concentración y subordinación a la tecnología forman parte de la larga lista que la sociedad ha padecido por el uso excesivo del racionalismo, demostrando que no es por si misma garantía de nada, porque a sus realizaciones les son ajenas las preocupaciones éticas. (Sabato, 1951)

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Un día perfecto para el pez plátano

Dos son los puntos fundamentales que se perciben en este enigmático y breve cuento que el estadounidense J.D Salinger publica en 1948: “Un día perfecto para el pez banana”. Tomando en cuenta el contexto del autor, cuya obra—y particularmente este cuento—nace en medio de la posguerra y los sentimientos que esta conlleva. Así, nos sumergimos en una historia que desenvolverá cuatro escenarios que no son más que un preámbulo sutil de lo que se resuelve (o quizá no), en un inesperado final. Estas cuatro atmósferas, aunque se deba intuir, tendrán como punto focal al personaje del cuento: Seymour Glass; mostrándonos la realidad de la que inevitablemente es partícipe, una realidad que grita superficialidad y materialismo y a la vez susurra dolor y desesperanza, cuyo sentimiento evidente en Seymour es opacado por la actitud del ser humano banal que lo rodea.

Volviendo al mensaje del cuento, se pueden analizar distintas ideas que Salinger trasmitirá por medio de su famoso Pez Banana, a partir de la actitud que el ser humano toma para y de sí mismo tras la guerra: de aquel que la sufrió y le caló en los huesos, y de aquellos que prefieren silenciar sus inevitables consecuencias persiguiendo un modelo de vida que dé forma a su existencia.

Destacamos entonces:

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