Construção: insignificancia maquinada

Nacido el 19 de junio de 1944 en Rio de Janeiro, Francisco Buarque de Hollanda, o mejor conocido como Chico Buarque, es uno de los poetas, dramaturgos y cantautores más representativos en lengua portuguesa de su época. En 1969 se autoexilia en Italia, debido a las amenazas recibidas por parte del régimen militar brasileño.  A su vuelta a Brasil, saca a la luz una de sus composiciones poético-musicales más célebres: Construção.

Dicha composición forma parte y da nombre a un disco,  grabado entre los períodos de exilio en Italia y su regreso a Brasil y lanzado en 1971.Al ser lanzado en los peores años del régimen militar, premia a Chico Buarque con censuras y posteriores persecuciones políticas, pues el disco está cargado con duras críticas al régimen. Con versos 40 versos dodecasílabos, repartidos en tres estrofas, Construção es considerada una de las máximas representantes del movimiento Música Popular Brasileña, consistente en protestas contra el régimen militar y en un acercamiento de la cultura a las grandes masas.

Construção narra  através de una letra bella y de sencillez engañosa,un día, el último, de un obrero de construcción cualquiera, desde el momento que sale de su casa en dirección a la construcción, hasta el momento que muere ejerciendo su oficio, haciendo énfasis en lo insignificante que resulta su muerte. Recurre a un narrador omnisciente, a una historia lineal. Hasta este punto, muy simplón. (Y trillado.)

Lo verdaderamente emocionante del poema-canción es que es repetitiva, modificando el ángulo de perspectiva a cada repetición y haciendo constantes comparaciones. La primera versión de la historia llega hasta el verso 17, la segunda hasta el 34, y la tercera hasta el 40. Tal efecto de perspectivismo se logra permutando, a partir de la segunda versión, las últimas palabras de cada verso. Así, por ejemplo, entendemos que el obrero “amó aquella vez como si fuese la última/ el último/ máquina”

La composición es una fuerte crítica a la condición alienada del obrero que lo reduce a una fuerza bruta, mecánica, lógica, sólida, que es tan mal remunerada como sea posible, que  carece de importancia más allá de ejecutar su trabajo. E incluso, su muerte no resuena más que “entorpecer al tráfico/ al público/ al sábado.”

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Cuento sin nombre Nº 6

He venido esta noche aquí, señores y señoras del Partido Heterosexual, a compartir mi experiencia como homosexual declarado. Quisiera informarles un poco sobre la aspereza de la vida que llevamos los del partido opositor, aún habiendo superado la persecución política.
En primer lugar, habrá que hablar sobre descubrirse homosexual, que viene siendo más o menos como la varicela. A todos nos llega a distinto a tiempo y edad; pero es seguro, a todos nos llega. Por ejemplo, yo, no me descubrí loca, como dirían ustedes, hasta pasados los veinte, siendo yo aún bastante jovencito. La verdad es que fue un proceso simple, pero tedioso, que hubiera dejado atónito a cualquiera.

Salí yo tarde de una discoteca de moda con algunas líneas y piedras dentro, haciéndome acompañar por mi inseparable Sancho de aquél entonces. Éramos jóvenes ansiosos de nuevas experiencias, que solo buscaban pasar un buen rato, conscientes de lo efímero del ser humano. Decidimos, por nuestra condición y haciendo todavía uso de nuestras facultades racionales, dormir sobre los cueros de un bocho mío. No era ningún hotel cinco estrellas, pero se podía pasar la noche ahí. Mi memoria abarca hasta el momento preciso en que, recostado sobre el asiento, dejo caer mis párpados como caen la bolsa de valores y duermo profundo en demasía.

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La bohemia

La bohème, la bohème
on était jeunes, on était fous
la bohème, la bohème
ça ne veut plus rien dire du tout

—Jacques Plante, fragmento.

Creo que  llegó la hora que lo sepás, Amelia. He sostenido la mentira desde que nos conocimos. Considero que es una mentirita piadosa, o no; algo que bien pudo nunca haber salido a la luz. Vos conocés cada capítulo de mi vida, a excepción de éste que te voy a revelar. Consideralo como un regalo de aniversario, precisamente hoy que cumplimos diez años de casados; también consideralo como una máxima muestra de confianza.

Te amo como a mi vida, pero te desmiento, pues, que no sos la primera persona a la que he amado, como siempre te he dicho. No fuiste vos mi primer amor; fue una bohemia, llamada Julieta.

Te hablo de un tiempo que los menores de veinte no pudieron haber conocido, te hablo de esa época mía cuando frecuentaba las aulas de la Sorbona y tenía mi apartamento en el QuartierLatin. De ésa época cuando desayunaba albaricoques y cenaba en lo más alto de Montmartre, en vigilia de la ciudad de la luz, haciendo mis óleos inspirado en la calma del Sena, que me engatusaba con sus bâteau mouche.

Montmartre en ese tiempo colgaba sus lilas hasta debajo de las ventanas, tan hermoso, tan perfecto, tan simétrico, que servía de nido a los pájaros, y a mí, que me perdía en sus pétalos y balcones. Fue en un día de otoño, lo recuerdo, pues las lilas se marchitaban; fue un día de otoño de noche cuando una serie de hechos, entre ellos la música que se escapaba de entre las paredes y  el neón cuya luz me atraía como mosca a la muerte, me hizo entrar en un cabaret del barrio, para ser exactos, en el  Moulin Rouge. Fue ahí donde nos conocimos, yo, que lloraba hambre, y ella, que posaba desnuda.

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