Pequeña ingenuidad

La ingenuidad un día se sentó,
Y entonces se puso a llorar.
Pero en lugar de gotas saladas, eran pétalos su llanto,
Ella solía llorar cuando la engañaban
Pero siempre se despojaba de las quejas,
Y todo se volvía vago.
Tenía memoria defectuosa.

Debajo de su pálido cabello que reflejaba la luz el sol,
Su cabeza estaba llena de mariposas.

Su corazón solo conocía el bien,
Y al mal por ignorancia le temía.
Cuando dormía las serpientes intentaban ahorcarla.
Porque los sueños se vuelven frágiles copas de cristal
Que el engaño rompe sin piedad

Ella siempre se sentaba a esperar,
A las cosas que por su cabeza como nubes pasaban.
Que eran recuerdos olvidados,
Y en el suelo de su alma quedaban,
Y como fascinantes estrellas fugases pasaban.

La tierna ingenuidad, que vive con su hermana la inocencia.
Ella juega por los prados del eterno esperar,
De un porvenir que no llega
Y donde un sí que los labios pronunciando,
Se habrían querido fruncir para dar un no.
Y es entonces que la ingenuidad siempre vuelve y se sienta a llorar.

Sara Echeverría, 2014.

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